Amaranta Chipiaje León: el lenguaje del color y la transformación, “Pura Vida”

Por: Pedro Bolaño Narvaez

Para Amaranta Chipiaje, el arte es más que una simple expresión estética: es una forma de activismo y una declaración personal. Su lema, «donde hay piedras, es florecer», encapsula su filosofía de vida y su misión artística. Ella cree firmemente que incluso en los espacios más abandonados y destruidos, es posible sembrar vida y belleza. Sus pinturas, llenas de colores vibrantes, flores y mariposas, buscan infundir un toque de vitalidad y esperanza a esos lugares olvidados.

Un Proceso Creativo Anclado en el Caribe

El proceso creativo de Amaranta se nutre de sus raíces. La influencia de sus padres, ambos artistas, y la riqueza de la cultura caribeña son su mayor inspiración. Se deja llevar por la biodiversidad de Santa Marta, la calidez de su gente y, sobre todo, por el mar. «Mi segundo nombre es Amaranta del Mar», afirma con una sonrisa. Cuando los bloqueos creativos la acechan, es en la brisa marina y en los espectaculares atardeceres samarios donde encuentra la calma y la motivación para seguir creando.

Amaranta Chipiaje Leon
Amaranta Chipiaje León. Fotos de su archivo personal.

Antes de intervenir un espacio, Amaranta lo estudia, lo analiza y lo sueña. Para ella, es fundamental entender la historia del lugar, incluso si esa historia está marcada por la violencia. Un hueco de bala en una pared, por ejemplo, no es solo un defecto, sino una oportunidad para crear un pájaro carpintero que lo habita, dándole una nueva narrativa. Este enfoque, que compara con la estrategia de los israelitas al rodear Jericó, le permite conquistar cada muro con una visión de vida y renacimiento, como la mariposa que emerge de la oruga.

Desafíos y Triunfos de una Artista Valiente

Amaranta ha enfrentado numerosos desafíos en su camino. Uno de los más significativos fue realizar su tesis de grado en la cárcel Rodrigo de Bastidas, donde el arte se convirtió en una poderosa herramienta de sanación, tanto para los reclusos como para ella misma. Montarse en andamios de siete metros para pintar murales gigantes también ha sido una prueba de su valentía. En esos momentos, se siente «pequeña», pero a la vez «grande», demostrando que no hay barreras físicas o emocionales que no pueda superar.

Sus triunfos no se miden en premios, sino en el impacto humano de su obra. Amaranta cree en el poder de la conexión. En un emotivo relato, cuenta cómo en un evento de «abrazos gratis» abrazó a una persona que meses después le confesaría que ese día había planeado suicidarse. Este simple gesto, impulsado por su arte, le demostró el poder de transformar vidas a través de un acto de amor y compasión.

El Legado de la Representación Femenina y la Semilla del Futuro

Para Amaranta, ser mujer y artista es una doble bendición. Reflexiona sobre la capacidad de las mujeres para dar vida y la extiende al ámbito de la creación artística, donde pueden dar vida a la alegría y a las emociones. Con su arte, transforma las experiencias de dolor y los espacios grises en arcoíris de color que sanan el alma de quienes los contemplan.

Su mayor preocupación es el futuro de su legado. Se pregunta con urgencia: «¿Dónde está la próxima Amaranta?». No desde el ego, sino desde la necesidad de multiplicar su labor. Su anhelo es crear semilleros de artistas jóvenes que no tengan miedo de tomar un pincel para transformar su realidad. El arte, para ella, es la mejor terapia contra la violencia, la apatía y los vicios que acechan a la juventud.

Su consejo para las nuevas generaciones es claro y contundente, resonando con la fuerza del mar Caribe: «Insistir, resistir y nunca desistir». Si una puerta se cierra, hay que tocar mil más, porque alguna se abrirá. Amaranta nos enseña que el arte no es un lujo, sino una necesidad vital para sanar, dialogar y construir una sociedad más empática. Su legado no está solo en las paredes que ha intervenido, sino en cada persona que, al ver su obra, sonríe y cree que, a pesar de todo, es posible florecer. Esa es la verdadera razón de continuar en su arte: la capacidad de insistir hasta que el cemento florezca, “Respira y Vive”.

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